La Selva boliviana siempre ha sido objeto y escenario de las más apasionantes aventuras, narradas en antiguos libros de exploradores, que desde comienzos del Siglo XIX y hasta la actualidad se lanzaron a navegar por los Ríos Tuichi y Beni, como Nordenskiold, Heath, Fawcett, Lars y otros, algunos de los cuales desaparecieron misteriosamente, obsesionados por la búsqueda de ciudades míticas como el Paititi. Pero sobre todo, el interés por viajar a la zona nació a raíz de los relatos de Jossi Ginsberg, un aventurero que se perdió navegando por el Tuichi y fue rescatado, en la década de los 80. Dejó plasmada esta gran aventura en un libro apasionante que dio la vuelta al mundo y suscitó una gran atracción por los paisajes y comunidades nativas que en él describía. Esta gran zona verde, en el noroeste boliviano, es actualmente el Parque Nacional Madidi, que a su vez está rodeado de otras áreas de biodiversidad amazónica protegidas. Los ríos más importantes que la atraviesan son el Beni y el Tuichi, éste afluente del primero, que penetra en el Madidi en sentido noreste para después seguir hacia el sureste hasta confluir en el Beni, recorriendo la mayor parte de la zona reservada. Navegar por este río es una verdadera aventura en la que el viajero se introduce en el corazón de la selva primaria, donde puede observar una de las mayores concentraciones de flora y fauna salvaje del mundo. Así mismo está considerado como uno de los 20 lugares con mayor interés turístico en el ámbito mundial.
Esta selva, conocida entre la gente del lugar por sus mitos de antiguas ciudades perdidas, de comunidades nativas desconocidas, y por los viajeros, a través de las aventuras y desventuras que vivieron sus exploradores, ofrece paisajes tan espectaculares que nos harán pensar que el paraíso realmente existe.