Una de las consecuencias de este fenómeno conocido como “globalización” que estamos viviendo es esa falsa sensación de cercanía que todos tenemos acerca del resto del mundo. Afortunadamente, Groenlandia es uno de los pocos destinos que se ha escapado levemente de esa sensación de que podemos aprisionar cada rincón del planeta.
Más que un viaje a través de Groenlandia, será Groenlandia la que se pase por nuestro interior activando la esencia que despierta los sentidos, el instinto y, sobre todo, el valor de los valores inservibles en un mundo que a pesar de todo quieren que sea “global”.
Groenlandia es un país de contrastes, es la sensación de que el mundo se acaba en esta tierra indómita, cuna de las grandes exploraciones. Un territorio virgen, donde se siente el poder de la naturaleza.
Groenlandia nos cautivara por todo, por su naturaleza, sus gentes, su forma de vida, y sobre todo porque nos habrá hecho pensar y sentir que la libertad existe.